En un contexto en el que la supply chain debe ser cada vez más ágil, conectada y orientada al terreno, muchas empresas siguen, sin embargo, prisioneras de TMS históricos que se han vuelto rígidos.
Estas herramientas, a menudo desarrolladas internamente y adaptadas a los retos de su época, generan hoy una deuda tecnológica con consecuencias importantes. Una organización bloqueada, como esculpida en mármol, una innovación ralentizada y necesidades operativas que quedan sin respuesta.
A continuación, analizamos los mecanismos de esta dependencia, las derivas que provoca y por qué resulta imprescindible replantear el papel del sistema de información logístico al servicio de los procesos de negocio – y no al revés -.
Un TMS histórico es, por lo general, una herramienta implantada hace varios años, a veces décadas, en un contexto tecnológico y organizativo muy diferente al actual. Estas soluciones – a menudo desarrolladas internamente en su momento – se caracterizan habitualmente por:
Si bien estos TMS han prestado servicios valiosos durante mucho tiempo, se convierten progresivamente en un freno cuando dejan de acompañar la evolución del negocio y de la tecnología.
La deuda tecnológica hace referencia a la acumulación de decisiones técnicas o funcionales del pasado que, a corto plazo, pudieron ser pertinentes pero que, a largo plazo, generan costes, limitaciones y riesgos.
En el caso de los TMS históricos, esta deuda se manifiesta de varias formas:
¿El resultado? Cada nueva evolución del negocio se convierte en un proyecto de sistemas largo, arriesgado y caro.
Uno de los efectos más perversos de la dependencia de un TMS histórico es la inmovilización de la organización.
Con el paso de los años, en lugar de hacer evolucionar la herramienta para acompañar al terreno, los equipos han tenido que adaptar sus prácticas a las limitaciones de un TMS ya obsoleto. Aparecen entonces:
En algunos casos, los procesos logísticos actuales están tan imbricados en el funcionamiento del TMS que resulta extremadamente difícil – e incluso genera ansiedad – plantearse un cambio de herramienta.
Otro síntoma clave de la deuda tecnológica es la dependencia excesiva del proveedor del TMS o de los desarrolladores internos. Cuando se trata de un proveedor externo, esta dependencia se traduce en:
La empresa queda así atrapada en una relación a largo plazo, más sufrida que elegida, que limita su capacidad de innovación y su agilidad estratégica.
En muchas organizaciones industriales o grandes grupos, esta dependencia afecta de lleno a los equipos de desarrollo internos. De hecho, numerosos TMS históricos fueron desarrollados internamente hace años, incluso décadas. Estas soluciones suelen basarse en:
Esta situación genera una dependencia crítica de personas más que de una herramienta. La jubilación, movilidad o indisponibilidad de determinados desarrolladores puede convertirse entonces en un riesgo operativo importante.
En lugar de asegurar el sistema de información de transporte, la organización queda atrapada en una lógica de mantenimiento defensivo, donde cada evolución se percibe como arriesgada, costosa y compleja. Una vez más, la deuda tecnológica aumenta y aleja cada vez más el TMS de las necesidades del negocio y del terreno.
Mientras el TMS se estanca, las necesidades del terreno evolucionan rápidamente:
Un TMS rígido, incapaz de integrarse fácilmente en un ecosistema digital moderno, se convierte en un punto permanente de fricción entre los equipos de IT, los equipos de negocio y las operaciones en el terreno.
Salir de la dependencia de los TMS históricos no implica necesariamente sustituirlo todo de un día para otro. Sin embargo, sí requiere una reflexión profunda sobre:
Las empresas más avanzadas adoptan arquitecturas más ágiles y flexibles, en las que el TMS deja de ser un bloque central rígido para convertirse en un componente interoperable al servicio de la operativa, como es el caso de nuestro TMS OneWorld.
La dependencia de los TMS históricos se ha convertido en un reto estratégico clave para las organizaciones logísticas. Detrás de una herramienta familiar suele esconderse una deuda tecnológica importante, que frena la innovación, rigidiza los procesos y aleja el sistema de información de la realidad del terreno.
Recuperar el control del sistema de información de transporte implica, ante todo, reafirmar un principio fundamental: las herramientas deben servir a los procesos de negocio, no condicionarlos.
Una reflexión imprescindible para llevar a cabo la transformación digital del transporte y construir una supply chain resiliente, evolutiva y verdaderamente orientada al terreno.
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